Por: Martha Ergo - Fuente: DPA

El mate argentino en una exposición en Praga

En el Museo de Arte Decorativo de la capital de la República Checa se exhiben cerca de 150 mates antiguos, de loza y porcelana llevados por la Fundación Eduardo Durini

Museo de Arte Decorativo en Praga

El cielo está pálido y despejado en Praga, las cúpulas espolvoreadas de escarcha no mienten: el termómetro indica un par de grados bajo cero. Un aroma extraño para la mayoría de los visitantes inunda la sala de cerámicas del Museo de Arte Decorativo. Allí, en medio de exquisitas piezas de cristal de Bohemia, la costumbre sudamericana de beber mate es la protagonista, personificada por unos 150 mates antiguos de loza y porcelana recién llegados de Argentina.

Museo de Arte Decorativo en Praga

El "matear" es desde tiempos precolombinos un rito acogedor que crea intimidad y sosiego. Desde su cuna guaraní el mate llegó hasta los rincones más remotos de Paraguay, Uruguay, Argentina y el sur de Brasil, donde se lo ofrece al visitante a toda hora: caliente, frío, amargo, dulce y en innumerables tipos de recipientes, para beberlo a sorbos con una bombilla, haciendo amigos entre desconocidos, venciendo barreras idiomáticas y culturales desde hace siglos.

"Los mates expuestos en Praga forman parte de una colección de más de 650 piezas", comentó Oscar Suescun en la presentación de la muestra a la prensa, durante la cual se sirvió mate. Este argentino heredó de su padre no sólo los primeros ejemplares apoyados sobre ángeles regordetes y decorados con delicadas flores, pájaros, mariposas o imágenes religiosas enmarcadas en dorado, sino también su pasión por coleccionar mates antiguos.

Muestra de mates de argentinos

 

¿Cómo aparecieron los primeros mates de loza y porcelana europea en el Río de la Plata hace casi cien años? Los inmigrantes que se asentaron en la región a finales del siglo XIX traían en su equipaje no sólo la esperanza de una mejor vida sino también los ideales estéticos de la época. En Europa, el modernismo pretendía acuñar motivos de la naturaleza en objetos de uso cotidiano, cada vez más fáciles de producir debido a la revolución industrial.

Los inmigrantes se acostumbraron rápidamente al sabor de esta infusión local, pero habituados a beber café, chocolate o té en recipientes de loza o porcelana, comenzaron a pedir mates fabricados en estos materiales, una demanda que la incipiente industria nacional aún no estaba en condiciones de cubrir. Así comenzaron a llegar mates de Alemania, la ex Checoslovaquia, Holanda, Francia, Italia y hasta de Finlandia y Japón, producidos a pedido y exclusivamente para Sudamérica. Cada país acuñaba su estilo propio en estos mates inspirados en la calabaza original.

Pronto estos delicados mates ovoides, con pie en forma de campana o similares a un pequeño jarro se convirtieron en un regalo para esposas y novias, con inscripciones tales como "Amor", "Amistad" o "Siempre tuyo", que los artesanos europeos, sin saber tal vez para qué uso estaban destinados, decoraban con los más diversos ornamentos, hasta con un pajarito que servía de silbato o un platillo en la base para enviar un mensaje o una flor.

"Tras emigrar a la Argentina, mi abuelo, Juan Suescun, español de origen vasco, instaló un almacén de ramos generales en Villa Ascasubi, un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba", relataba Oscar Suescun durante la inauguración. "Mi padre Ildefonso recordaba que, de niño, mi abuelo vendía este tipo de mates en su tienda. Hace sesenta años comenzó a interesarse por los mates de porcelana, buscándolos en el campo y en las tiendas de anticuarios".

Al fallecer sus padres, Oscar Suescun continuó ampliando la colección familiar, que recientemente donó a la Fundación Dr. Eduardo A. Durini de Buenos Aires, entidad dedicada a preservar el patrimonio cultural. Suescun acaba de inaugurar la muestra en Praga y espera que los mates continúen recorriendo museos en sus países de origen para regresar a Argentina tras haber dado la vuelta al mundo.

”La tradición argentina de tomar mate”, que el Museo de Arte Decorativo mostrará hasta mediados de febrero de 2008, cuenta con el apoyo de la embajada argentina en Praga y de su par checa en Buenos Aires. "Para nosotros es una gran alegría que el primer país europeo donde se presentan estos primorosos objetos sea la República Checa -comentaba Lucie Zadrazilova, curadora de la exposición-. Especialmente porque estos mates documentan una parte de la historia artesanal checa entre 1918 y la Segunda Guerra Mundial que nos era absolutamente desconocida, y porque a la vez son un excelente testimonio de la fusión de culturas".

Hace frío en Praga, una mañana ideal para tomar mate. María Cristina Vasena, coordinadora de la Fundación Durini, se toma el tiempo necesario para preparar un buen mate en la sala de cerámicas del museo. Un periodista checo se acerca curioso y acepta la invitación a probarlo. Ella habla en español, él sólo en checo. El mate no necesita palabras: entre sonrisas, simplemente cumple su cometido.

 

 

 

 


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