El
Organizador de Eventos
Por. Lic.
Mabel Lebrero - eventomundonoticias
Aceptar
la ejecución de un evento requiere, por parte de su organizador,
el mayor profesionalismo. Este acontecimiento es único y, en
el ámbito corporativo, puede reforzar o enaltecer la imagen de
una empresa. El trabajo que representa, como el dinero invertido deben
ser justificados con resultados trascendentes. Un evento es irrepetible
y el éxito del mismo dependerá no sólo de la empresa,
sino del organizador que tomará la responsabilidad del mismo.
Tal
compromiso debe ser asumido sólo por una persona que reúna
determinadas caractarísticas, que lo enmarquen dentro de los
que es un verdadero Organizador de Eventos.
Su perfil debe ser similar al de un coordinador general, con una amplia
experiencia en el ámbito empresarial y social.
Tiene
que ser un profesional con experiencia en eventos de esa naturaleza,
en puestos de dirección, con amplio criterio y sentido común
para manejar diversas situaciones. Debe tener habilidad para el manejo
de personal, una mente innovadora y creativa para tomar decisiones,
suministrar ideas productivas y tener capacidad coordinadora. Debe ser
metódico, pragmático, detallista, flexible, organizado,
tener sentido del humor, conocimientos de administración e informática,
buena reputación y presentación. En lo posible manejo
de otro idioma.

El
organizador de eventos debe poseer creatividad. Convendriá, en
el plano humano, que tuviera características tales como un natural
manejo de las relaciones públicas, virtudes tan contrapuestas
como autoridad y paciencia, disciplina y pasión, y que fuera
minucioso y exigente, pero conservando siempre un perfecto autodominio.
En
el aspecto profesional debería capacitarse para conocer algunas
técnica básicas de la Organización de Eventos.
Deberá aspirar a ser líder, aunque antes tendrá
que ser un individuo disciplinado, apto para interpretar y ejecutar
directivas, sobre todo si trabaja para empresas.
Tener habilidad para percibir con detalle todos los elementos económicos,
políticos, sociales, que intervengan en la realización
del evento. Asimismo ser conciente de la inversión de tiempo,
dinero y recursos humanos que hace la empresa; ser positivo y responsable,
respetado por sus superiores y subalternos por sus conocimientos.
Es
su función mantener una supervisión estricta sobre las
responsabilidades y acciones delegadas a terceros y verificar su ejecución.
A la vez tener habilidad para aprender y compartir propuestas generadas
por el grupo de trabajo; ser un comunicador eficaz de ideas e instrucciones;
saber seleccionar a sus colaboradores por sus capacidades y conocimientos;
saber conciliar los intereses de la empresa con los de los asistentes
al evento, teniendo presentes sus diferencias.
No existen límites de edad ni sexo para ser un buen organizador,
es cuestión de evaluar las fortalezas y debilidades y encauzarlas
correctamente.
Son muchos los organizadores de eventos que existen en la actualidad
en el mercado. Muchos se hicieron con la práctica, partiendo
de alguna rama de servicios como catering, espectáculos, asistencia
técnica, y otros, los más recientes se formaron a través
de carreras o cursos.
Cada
uno tiene su propio estilo, se especializaron en alguna categoría
de eventos y ofrecen variedad de servicios en cuanto a calidad y precio.
Lo cierto es que un evento dirigido y producido por un Organizador siempre
es más prolijo y espectacular que uno realizado por un particular,
que sólo se limita a contratar los servicios sin supervisar o
coordinar, planificar o dar un enfoque creativo.
Por eso los eventos empresarios o sociales de importancia, y con más
razón los megaeventos, requieren de un Organizador, un profesional
preparado para lograr que los mismos se conviertan en acontecimientos
inolvidables.