Nadie
puede sustraerse al encanto de las flores, por ello nos resulta lógico
que sean parte de la decoración de casas, salones de eventos,
hoteles, comercios y shoppings por ejemplo.
En este juego permanente de fragancias y colores se constituyen en
un elemento muy importante a la hora de crear una ambientación
que puede adaptarse a cada circunstancia.
El
arte floral necesita conocimientos precisos que se pueden aprender
estudiando cursos especializados, a base del llamado ikebana japonés
o cualquier otro tipo de composiciones. Sin llegar a extremos tan
acusados de formación, el gusto de cada uno puede conducirle
también a realizar armoniosas y bellas composiciones.
Los
adornos florales deben basarse en la forma y en el color de las flores,
tallos y hojas, así como en el propio envase y el fondo del
lugar elegido para situar el arreglo. Se estructuran en disposiciones
variables: vertical, alta y estrecha; horizontal y baja; curva, ovalada,
circular o radiante, etc. El equilibrio crea estabilidad y compensa
armónicamente los pesos a uno y otro lado del centro.
Por
el ritmo, la vista debe ir fácilmente de una parte a otra del
adorno floral; por la proporción o escala, todos los tamaños
estarán en buena relación entre sí y con el envase;
por el color, obtendremos la impresión más llamativa
ante el adorno floral. La forma se impone siempre porque determina
el contorno envolvente del grupo y la mancha genérica del color.
Las
flores de más bellas líneas son las del ciruelo, el
lirio, el gladiolo y otras de análogo corte. Las más
atractivas en mesas son los crisantemos, claveles, rosas, peonías,
lilas, zinnias, etc.
Las
flores de tallo alto se colocarán al nivel de la vista o más
bajas. El fondo sobre el que destaquen deberá ser liso, disponiéndose
las flores separadas con intervalos variados. Hay que tener en cuenta
el uso, características, estilo y armonización cromática
de la habitación; las flores humildes no armonizarán
en un salón lujoso, ni las flores exóticas con una habitación
sencilla.
Cualquier
jarrón, vaso o recipiente puede ser bueno para contener un
adorno floral, pero no resultará siempre adecuado para determinada
flor o mezcla de las mismas. Flores de tallo alto requieren vasos
de forma alargada y la de tallo corto recipientes más achatados.
Los vasos y jarrones deben tener menos importancia que el mismo adorno
floral; sus formas serán sencillas y bellas y sus colores suaves.
Los vasos de tipo rústico no sirven para flores delicadas,
y las flores de colores intensos no quedan bien en jarrones de porcelana.
Con la porcelana y el vidrio se combinan perfectamente el muguete,
las violetas y los capullos de matices suaves. Los jarrones de superficie
áspera de tipo popular sirven para flores silvestres y sencillas;
los de barro vidriado, loza, madera, cristal corriente y metales son
buenos para flores de calidad intermedia; los jarrones con mucha ornamentación
resultan siempre inconvenientes, porque restan interés a su
contenido.
Los
tallos de las flores se cortan en diagonal con un cuchillo o tijeras
grandes muy afiladas, a la caída de la tarde o muy de mañana,
quitándole a continuación todas las hojas inferiores.
Las rosas se cortan en capullo, rascando el tallo por el extremo y
dejándolas en abundante agua. Los tallos leñosos, como
los crisantemos y lilas, deben rascarse por el extremo, practicando
algunos cortes. Los lechosos, de dalias, amapolas y otras plantas,
se sumergen por el extremo en agua hirviente; los de la hortensia
se bañan en vinagre hirviendo; los tallos de los tulipanes
se envuelven en papel de periódico y se sumergen en agua. Para
prolongar la duración de los adornos florales deben preservarse
del calor, del frío, del viento y del sol, adicionando media
pastilla de aspirina al agua del recipiente.
FLORES
FRESCAS
Para
conseguir un buen equilibrio, el volumen de las flores será,
por lo menos, igual al volumen del jarrón que las vaya a contener.
Los tallos de todas las flores se cortan en longitudes diferentes
para poder crear un volumen y una profundidad. Cuando se coloque un
ramo de flores de tallos largos debe equilibrarse la composición
con flores más cortas, ramas con hojas o elementos auxiliares.
Una composición baja admite con mas facilidad la colocación
simétrica.
Las
flores pueden presentarse aisladamente: un rosa o una margarita y
su follaje, resultarán encantadoras colocadas en un vaso de
cristal alto y estrecho. En cambio, las anémonas, los claveles
y los guisantes de color, con los tallos muy cortos y apretados unos
contra otros, tendrán mayor realce en un tazón o en
un jarrón bajo. Las composiciones florales no deben adornarse
excesivamente con esparraguera y otros follajes, ya que las flores
no tienen necesidad de artificios para ser bellas.
Para
realizar con éxito y facilidad las composiciones florales debe
disponerse de pequeñas tijeras para cortar los tallos; finas
cañas de bambú para mantener rectos los tallos largos;
alambre e hilo de nylon para poder atar varias flores, y cinta adhesiva
para pegar los tallos rotos. Para introducir y sujetar los tallos
en el fondo de un jarrón no traslúcido puede emplearse
esponja vegetal, o en su defecto un trozo de alambre galvanizado enmarañado.
FLORES
SECAS
Las
flores secas se compran por piezas sueltas o formando composiciones,
pero también pueden secarse después de recogidas en
el campo, por ser especies comunes y sin pretensiones. Pueden mezclarse
con libertad, pero no se recomienda su unión con ornamentos
de gusto dudoso, tales como plumeros teñidos y juntos barnizados.
En general, las composiciones pequeñas son más bonitas
que las excesivamente grandes; estas últimas no pueden cambiar
de sitio, resultan en seguida molestas y se llenan de polvo.
No
debe abusarse del número de composiciones de flores secas;
bastará colocar dos como máximo en una habitación
normal. Las composiciones pequeñas y las bolas de flores secas
resaltarán más sobre muebles bajos. Las de mayor tamaño
pueden colocarse sobre el resto de los muebles, sin rebasar una altura
aproximada de 1,30 metros.
FRUTAS
Y LEGUMBRES
La
utilización de frutas y legumbres no debe limitarse al adorno
de cocinas y comedores, pues sus formas y colores producen un magnífico
efecto decorativo. No existe ningún inconveniente en colocar
algunas naranjas en un bol de cristal y situarlo sobre un mueble laqueado
en blanco que se encuentre en el recibidor. Este tipo de composiciones
podrán aportar mayor alegría y vitalidad a la decoración,
si bien hay que nuevamente tomar en cuenta el estilo de espacio que
se está decorando.
Las
combinaciones pueden ser numerosas y rebosantes de colorido: grandes
alcachofas verdes con rábanos rojos; cebollas blancas y pequeños
limones verdes; nueces y mandarinas, etc. Todas son posibles y únicamente
hay que elegir con cuidado los recipientes para contenerlas, situándolas
sobre muebles de 70 cm. a un metro de altura.
Fuente
y referencias:
El Decoro Ambientaciones:
http://www.eldecoroambientaciones.blogspot.com/
Bella Flor: Raúl Scalabrini Ortiz 86 - Buenos
Aires - Argentina