
Vilma Santillán (texto)
El turismo es una constante en Buenos Aires y así es como, más
allá de los altos y bajos que, en gran parte dependen del cambio
de moneda y lo mucho o poco que conviene en ciertos momentos viajar
al país, desde siempre la Capital Federal ha sido una ciudad
muy atractiva para los viajeros extranjeros, quizá porque de
alguna forma no logran comprender como en un continente con profundas
raíces latinoamericanas puede existir una ciudad con aires europeos,
cosmopolita y muy urbana.
Sólo hay que analizar la abultada oferta hotelera de Buenos Aires
para dar cuenta del gran movimiento turístico que vive la ciudad
día a día. Hay hoteles de todos los estilos, hoteles boutique,
hostels, alojamientos de tres o cuatro estrellas y esos grandes hoteles
cinco estrellas que se han transformado en monumento nacional. Estos
últimos son pocos pero sobreviven al tiempo y rescatan del olvido
una época de gloria que comenzó allí por la década
de 1880, cuando una corriente positivista impregnó a las clases
más altas del país.
Fue entonces cuando comenzaron a construirse estos grandes complejos,
uno de ellos fue el Plaza Hotel, un magnífico hotel que hoy es
el más antiguo de la ciudad y fue inaugurado en 1909 justo frente
a la Plaza San Martín y a pasos del terreno donde años
más tarde se construiría otro emblemático edificio,
el Kavanagh.
El proyecto estuvo a cargo de Ernesto Tornquist y en dos años
el primer rascacielos porteño era una realidad, con sus 9 pisos
y una presencia arquitectónica como pocas. Su construcción
se realizó en una época de bonanza en la ciudad, cuando
Buenos Aires era el centro urbano más importante de Sudamérica,
un lugar muy visitado por los europeos por ser considerada como “la
París de Sudamérica”.
A lo largo de sus 100 años de vida, el hotel cobijó a
grandes personalidades nacionales y del mundo, como Luciano Pavarotti,
Arturo Toscanini, María Callas, Indira Gandhi, Charles Bronson
o Charles de Gaulle.
Luego de tantos años de vida, el hotel comenzó a sufrir
los vaivenes de una Argentina con altibajos económicos, incluso
hubo momentos en los que no había huéspedes en el hotel.
Finalmente, en 1994 el hotel pasó a manos de la cadena Marriott
y tras la crisis de 2001 fue el complejo volvió a brillar al
recibir nuevamente una gran oleada de turistas del mundo entero.